"La Victoria de su infancia"
- Tito Frette

- 24 jul 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 7 ene 2021
El anhelo por mantener viva a la infancia, sin perder la madurez del escritor y el lector impulsaron la aparición del presente cuento ficcional. Nada de lo que aquí ocurre es real.-

El sueño de ayer
Me encontraba en un lugar donde las cosas tenían un cartel con su nombre. En un banco decía” Banco”, cada mesa tenía su placa con la palabra “Mesa”, los animales tenían tatuados el tipo de raza y su apelativo... cada persona tenía también impreso su nombre y datos sobre su estado sentimental, laboral y económico.....al mirarme y ver que yo no llevaba cartel, con una birome negra escribí en mi remera “Roberto” además de signos de preguntas y exclamación, pues al ser un sueño no sabía conscientemente cuál era mi realidad en ese momento.
Un habitante del lugar me miró asombrado y con algo de desprecio por mi aspecto, ya que él tenía en letras lumínicas Yanick Jonathan Estébanez De La Cruz Pereyra, y yo con birome sólo Roberto, me respondió que hacía un tiempo en ese lugar había una o.n.g. llamada C.H.I.S.M.E.( Centro de higiene, sanidad y moral no estatal) encargada de vender con fotos y documentos los datos de las personas del pueblo, lo que la hizo crecer rápidamente económica y geográficamente por el deseo de conocer datos de los demás, y en su anhelo de seguir creciendo, la empresa exageraba algunos datos para hacerlos más interesantes, lo que terminó por hacer intervenir al estado, quitarle la habilitación comercial para evitar conflictos violentos en el pueblo.
Se redactó entonces el decreto que establecía esta identificación en cada cosa y ser, para que, quien quisiera saber algo del otro, simplemente lo leyera en la misma persona, y no acudir a terceros. La norma también indicaba que al morir una persona, su nombre no se podía volver a usar, “para desarrollar la creatividad” decía su texto, lo que hizo que mi amigo tuviera el nombre que brillaba en su piel
—Es más— me dice Yanick— lo que antes conocíamos como milanesas, ahora se llama carne ensobrada sobre huevo agitado y astillas de pan. En esta cuestión de cambiar constantemente las palabras, el uso de los teléfonos celulares es de gran ayuda, lo que hace un tiempo se escribía por carta diciendo que queríamos mucho a alguien, que la extrañábamos y que no podríamos vivir sin ella y en la posdata agregábamos ¡volvé pronto!, ahora con “el celu” solo ponemos “TKM”.. “..”¡¿No es genial?!”
—luego de estas últimas palabras, el miedo me despertó sobresaltado.



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